ENEMIGOS EXTERNOS NO PODRÁN DERROTAR A ISRAEL. PROBABLEMENTE CONFLICTOS INTERNOS LO LLEVEN ANTES AL DEBACLE
Más de 20 Años atrás, me visitó en Israel un íntimo amigo
argentino. En oportunidad de una de las tantas charlas, mi amigo me preguntó:
¿Qué pasará el día imaginario que Israel arribe a un acuerdo de paz con todos
sus vecinos árabes? Respondí instintivamente de inmediato: “Nos matamos entre
nosotros los judíos”. Lo que años atrás fue un lapsus momentáneo
de un sentir poco elaborado, con el paso del tiempo y el devenir institucional
de Israel, da la impresión que cada día que pasa más se acerca a convertirse en
una profecía.
Desde el día de su independencia, el
liderazgo judío israelí le adjudicó al nuevo estado el carácter especial de ser
un estado judío y democrático. En la práctica, sería más apropiado
caracterizarlo como democrático para los ciudadanos judíos y judío para los no
judíos, especialmente para aquellos no judíos que con el tiempo viven en
territorios bajo dominio militar israelí. Más aun, la mayoría de judíos del
mundo se engalana con el título que ellos mismos le otorgan a Israel: la única
democracia en Medio Oriente, que no seria muy diferente a pretender el título
de único cuerdo dentro de internados en un hospital psiquiátrico.
En realidad, todo esto es historia que pasó a sepultura definitiva con la conformación del último gobierno de Netanyahu que asumió a fines del año 2022. El proyecto de “revolución institucional” declarado y puesto en marcha por la coalición desde el primer día de su constitución, ha convertido la historia del Estado Judío en un antes y un después sin retorno. Se trata de un punto histórico de inflexión.
Este proyecto institucional es el
resultado de la conjugación de intereses sectoriales de tres grupos sociales y
políticos, cada uno con su temática predilecta y primordial, que se asociaron
en un proyecto histórico para cambiar en su totalidad y diseñar definitivamente
una nueva naturaleza en todo sentido del Estado Judío.
El primer componente y promotor de
este proyecto es el partido Likud liderado por Netanyahu. La vieja derecha
liberal que se ha degenerado en pos de mantenerse en el poder bajo un régimen
de “dictadura del elegido”.
Una democracia se basa en tres
principios básicos: elecciones generales y libres, separación de poderes y un
sistema de frenos y balances con participación de la oposición y una capa de
instituciones profesionales independientes, como lo son la justicia, policía y
servicios secretos e instituciones regulatorias.
El nuevo modelo en camino de
imponerse se basa en que el apoyo popular de una elección otorga poderes
absolutos. Ese resultado de las elecciones otorga en la práctica al ejecutivo
mano libre sin ninguna limitación: la mayoría automática del poder legislativo
se convierte en marionetas políticas, el poder judicial con nombramientos a
medida, las instituciones profesionales y de seguridad interna a cargo de
personal comprometido políticamente y severamente limitadas en su poder de
influencia. Paralelamente se sabotea al máximo posible las actividades de
medios informativos independientes.
Queda aún por ver si perdurará el
último carácter de una democracia: elecciones generales y libres. Hay
suficientes motivos para sospechar que el futuro no será así.
El segundo componente del proyecto
lo constituyen los grupos religiosos ultra ortodoxos cuyo objetivo es imponer un
orden cercano a una teocracia. Sus dos condiciones básicas: normas religiosas
estrictas en todo el estado, y para sus componentes, gozar de beneficios y
excepciones a obligaciones ciudadanas que le permitan, por su devoción a la
religión, continuar con su sistema de vida basado, en gran parte, a costa de
los demás en una conducta muy cercana a la holgazanería y parasitismo.
El tercer componente del proyecto está
representado por los movimientos religiosos nacionalistas cuyo objetivo primordial
es el de imponer la supremacía judía en el máximo territorio que se pueda conquistar
de la histórica Gran Israel del Nilo al Éufrates, incluyendo los esfuerzos en promover
una limpieza étnica de arabes del territorio.
Las próximas elecciones programadas
a más tardar para fines de octubre de este año no vienen acompañadas de un
horizonte prometedor. Si Netanyahu y su coalición logran nuevamente formar gobierno,
el proceso de este último gobierno se intensificará notablemente. Si la
presente oposición logra el triunfo, no se debe dejar de evaluar la posibilidad
que Israel entre en un estado de ebullición social, donde los sectores allegados
al actual gobierno muy probablemente opten por la violencia que los caracteriza
para abortar el proceso eleccionario y la rectificación de medidas anteriores.
Si ello no ocurre en estas próximas elecciones,
el pronóstico demográfico de Israel ya anticipa que en pocos años la coalición entre
el nacionalismo religioso y los grupos judíos religiosos ultra ortodoxos se
acercaran a un peso relativo del 40% o más de la población, situación en la que
los principios democráticos tradicionalmente conocidos encontraran en Israel su
camino al cementerio de la historia.
La experiencia demuestra que el
componente liberal dentro de la sociedad israelí no responde por el mismo
camino y opta por emigrar de Israel. Desde 2023 hasta la fecha las estadísticas
indican que emigraron de Israel más de 150 mil israelíes, muchos más que judíos
del mundo inmigraron a Israel al mismo tiempo.
Bajo estas condiciones es de suponer
que Israel no será borrado del mapa, pero la debacle interna lo convertirá en
una teocracia despótica del modelo muy parecido al de Irán. Si bien el enorme
poder militar con ilimitado apoyo de USA, aun con groseros errores estratégicos,
le permite a Israel sobreponerse a los peligros a los que está expuesto, lo mas
probable es que los conflictos internos lo arrastren a un ocaso con un futuro
no muy claro y significativamente incierto.
Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 12-6-2026
https://ojalameequivoque.blogspot.com/
kupervaser.daniel@gmail.com
@KupervaserD
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