UDI EVENTAL: ACUERDO INTERINO ENTRE IRÁN Y EE.UU., GRAN LOGRO IRANÍ
El acuerdo emergente entre Estados Unidos e Irán se
divide en dos fases principales. En la primera, se prevé el levantamiento del
bloqueo mutuo —el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz y el bloqueo
estadounidense de los puertos iraníes— y el restablecimiento de la libertad de
navegación. En la segunda, se abrirá un plazo de 60 días para negociar sobre la
cuestión nuclear.
UDI EVENTAL
El acuerdo demuestra que el uso asimétrico por parte de
Irán del bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques contra la infraestructura
energética en los estados del Golfo lograron su objetivo: detener la guerra sin
hacer concesiones políticas sustanciales a Estados Unidos y sin entablar
negociaciones bajo fuego más allá de la cuestión nuclear. Los objetivos bélicos
que Estados Unidos e Israel le impusieron —derrocar al régimen iraní,
restringir el programa de misiles iraní y poner fin a la ayuda iraní a sus
aliados en Oriente Medio— eran poco realistas o innecesarios, y no están
incluidos ni en el acuerdo provisional ni en las negociaciones posteriores.
El cambio de régimen en Irán no solo era una ilusión,
sino que su establecimiento como objetivo de la guerra causó un daño
significativo: permitió al régimen iraní proclamar la victoria simplemente
manteniéndose en pie y lo sumió en una guerra existencial, acorralándolo, a la
vez que minaba su confianza en las negociaciones para poner fin al conflicto;
inmovilizó recursos de inteligencia y de fuego durante el proceso; y, lo que es
más grave, dañó la reputación de Israel en Estados Unidos, que ya se encontraba
en un punto bajo en la opinión pública estadounidense, en medio de acusaciones
de que Israel arrastró a Estados Unidos a la guerra basándose en falsas
promesas.
Imponer restricciones al arsenal de misiles de Irán es un
objetivo tan irreal como exigir que Israel renuncie a su fuerza aérea o limite
el alcance de sus aeronaves. Poner fin a la ayuda a los aliados de Irán es un
objetivo difícil de medir y monitorear, y menos crítico una vez que hayamos
demostrado nuestra capacidad para dañarlos gravemente y reducir la amenaza que
representan.
¿Qué queda? ¡Las armas nucleares! Este es, sin duda, un
objetivo crucial por el que vale la pena luchar. No sorprende que impedir que
Irán desarrolle armas nucleares se convirtiera en el principal objetivo del
presidente Trump en la guerra, tras un breve coqueteo con la idea de un cambio
de régimen. Pero la magnitud de las concesiones que se pueden obtener de Irán
en materia nuclear depende ahora de... Ormuz.
La mano en el grifo
La maniobra asimétrica iniciada por Irán para bloquear el
estrecho de Ormuz, en un intento por contrarrestar la superioridad militar de
Estados Unidos e Israel, tuvo un éxito mucho mayor del esperado. Tras tres
meses, quedó claro que el control de Ormuz equivalía al colapso de la economía
mundial.
Sin la capacidad de abastecer el mercado mundial
(mediante rutas alternativas y aumento de la producción) con un sustituto para
más de la mitad de los 20 millones de barriles de petróleo que salían de Ormuz
diariamente, las reservas mundiales de petróleo se están agotando gradualmente.
Esto podría sacudir la economía mundial y provocar un aumento drástico de los
precios del petróleo y el gas en poco tiempo.
Irán se dio cuenta de que tenía una poderosa palanca en
sus manos y no pensaba renunciar a ella ni volver al statu quo anterior en
Ormuz. Dicho control mantendría como rehenes a los estados del Golfo que
dependen del estrecho para sus exportaciones de energía, y también amenazaría a
los países asiáticos y europeos que la consumen.
Además, esta situación sacudiría las normas de libertad
de navegación en aguas internacionales y podría tener repercusiones en los
puntos críticos marítimos desde Bab el-Mandeb hasta el estrecho de Malaca.
Estados Unidos perdería el prestigio que había ganado como superpotencia
dominante en Oriente Medio durante los últimos dos años, lo que podría aumentar
la audacia de China frente a Taiwán y la de Rusia frente a Europa. En estas
circunstancias, el control de Ormuz convertiría a Irán en una potencia a tener
en cuenta a nivel regional y global, y sería muy difícil obtener concesiones
sustanciales de él en materia nuclear. Esto le permitiría traducir el control
del estrecho en grandes ingresos, lo que dificultaría la presión económica
sobre él, después de que la guerra también ilustrara la complejidad de la fuerza
militar.
El caso Ormuz
La principal prueba para Estados Unidos en la
implementación del acuerdo provisional será su capacidad para impedir que Irán
controle el estrecho de Ormuz. A corto plazo, el bloqueo paralelo impuesto por
Estados Unidos a Irán perjudica al régimen iraní, probablemente más que a la
economía global. Esta es una de las razones por las que el régimen insistió en
resolver este problema en el acuerdo inicial.
Si el tráfico en aguas internacionales en Ormuz se
reanuda sin interferencia ni supervisión de Irán (lo cual no sucederá de
inmediato), y mucho menos sin el cobro de "tasas de protección", se
le arrebatará la ventaja, una vez que Estados Unidos imponga la ecuación según
la cual "si Irán cierra, Irán también cierra". Pero esto no es tan
sencillo como parece, ya que es mucho más fácil interrumpir el tráfico marítimo
en el estrecho que abrirlo. Estados Unidos, que aspira a liderar una coalición
internacional, deberá mantener una importante fuerza naval en la región. Será
necesario el uso de la fuerza para garantizar que Irán no pueda bloquear los
estrechos todos los lunes y jueves, y que no se repita el error que le permitió
cerrarlos en primer lugar, en medio de una guerra.
Si Irán insiste en ejercer cierto grado de soberanía en
los estrechos, Estados Unidos se verá obligado a decidir si impone el paso por
la fuerza. Esto ya está ocurriendo en cierta medida, ya que la mayoría de los
incidentes que violan el alto el fuego entre Irán y Estados Unidos tienen lugar
en el espacio marítimo, en torno a la libertad de navegación en Ormuz.
En un escenario de conflicto armado en Ormuz, la amenaza
iraní a la infraestructura energética de los estados del Golfo podría resurgir,
y aquí se requiere otra ecuación: atacar las instalaciones energéticas en el
Golfo equivale a atacar las instalaciones energéticas en Irán. Esto, por
supuesto, no es tan simple como parece.
En resumen:
El acuerdo provisional tiene como objetivo iniciar
negociaciones con Irán sobre su programa nuclear, por un período de 60 días,
que probablemente se prorrogue y que extenderá la crisis más allá de las
elecciones estadounidenses [de noviembre]. En la práctica, antes de que las
partes inicien negociaciones sobre el tema nuclear, estarán ocupadas definiendo
las reglas del juego en Ormuz.
Estados Unidos tendrá dificultades para lograr avances en
las negociaciones nucleares, a la sombra de las posiciones intransigentes de
Irán, pero sus posibilidades se reducirán drásticamente si permite que Irán
controle el tráfico marítimo en el estrecho. En tal situación, perderá su
dominio en la región y su capacidad disuasoria a nivel mundial, y Trump solo podrá
soñar con la normalización de las relaciones en Oriente Medio.
¿Y qué pasa con Israel? Fue marginado sin influencia en
las negociaciones, mientras que Netanyahu se convirtió en una figura
"tóxica" en Washington y recibió filtraciones humillantes de la administración.
El diálogo y la participación de la administración estadounidense son cruciales
para la seguridad de Israel, y un gobierno diferente, tras las elecciones, sin
duda recibirá mucha más atención en Washington que el actual.
Fuente: Red X de Udi Evental, 30-5-2026
Traducción: Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 30-5-2026
https://ojalameequivoque.blogspot.com/
kupervaser.daniel@gmail.com
@KupervaserD
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