CUANTO MÁS SE APROXIMA LA FECHA DE ELECCIONES, MÁS RESALTA EL RACISMO INHERENTE AL ESTADO JUDÍO

Si el gobierno israelí no decide pisotear groseramente las normas democráticas vigentes, sobre lo cual no hay seguridad alguna con la presente coalición gobernante, la ciudadanía israelí concurrirá a las urnas el próximo mes de octubre con el objetivo de elegir 120 miembros de su parlamento, quienes, por mayoría simple (61 bancas o más), elegirán el próximo gobierno y quien asuma la función de primer ministro de Israel.

Por el momento, el panorama político futuro, tal como se refleja en repetidos e innumerables sondeos de intención de voto, se perfila como callejón sin salida clara. Los partidos de la presente coalición que apoya a Netanyahu no logran pasar los 52 escaños, mientras que los partidos de la presente oposición obtienen en promedio 68 escaños.

¿Cómo se afirma falta de salida clara cuando los partidos de la presente oposición se proyectan con un logro de 68 parlamentarios sin son suficientes solamente 61 frente a solo 52 identificados con Netanyahu?

La respuesta está en la composición étnica de los partidos de la oposición. De los 68 escaños que predicen a la oposición, 10 de ellos provienen de partidos que representan y tienen apoyo de población árabe israelí, circunstancia que para una abrumadora mayoría de la sociedad israelí los convierte en inadecuados políticamente en ser participes de un gobierno del Estado Judío por el solo hecho de exigir igualdad de derechos y la abolición de normas que marginan a la ciudadanía árabe israelí.  

En concordancia con esta visión de la población judía israelí, que ve a árabes israelíes como sapo de otro pozo, los medios informativos difunden estos resultados de los sondeos de la siguiente manera: Coalición: 52 bancas, Oposición: 58 bancas, Partidos árabes: 10 bancas. En otras palabras: un callejón racista sin salida donde ni la coalición de Netanyahu ni la oposición dispone del mínimo requerido para formar gobierno.


SONDEO DE INTENCIÓN DE VOTO. COALICIÓN: 52 BANCAS, OPOSICIÓN: 58 BANCAS, PARTIDOS ÁRABES: 10 BANCAS

Es difícil de entender que, descendientes de aquellos judíos que sufrieron en carne propia la dura mano de regímenes racistas en el pasado, hoy no tienen la menor vergüenza de no solo conducirse bajo una marcada discriminación racista hacia ciudadanos no judíos, sino, desde posiciones de liderazgo, lo declaran a viva voz con graves improperios y acusaciones sin la mínima prueba. 

Netanyahu acusa a la oposición que la única posibilidad de formar gobierno sería asociarse con árabes que apoyan el terror de la hermandad musulmana (Srugim, 17-2-2026).

Ante una pregunta de periodistas, el ministro de finanzas israelí Bezalel Smotrich respondió que es mucho más grave una coalición con participación de partidos árabes que la masacre de judíos del 7 de octubre de 2023 (Haaretz, 5-5-2026).

El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, no tiene el menor desparpajo en proponer que “hay que enjuiciar, quitar ciudadanía y promover la emigración de líderes árabes israelíes” (Red X Ben Gvir, 11-8-25).

Pero esta forma racista de relacionarse con la minoría árabe israelí no es exclusiva de la coalición gobernante, lamentablemente también lo es de la gran mayoría de la oposición judía al gobierno, a tal punto que esta problemática conducta somete a no menos del 90% de la población judía total.

En recientes declaraciones, Naftali Bennet, uno de los mas serios candidatos a desplazar a Netanyahu afirmó, posando junto con Yair Lapid su compañero de lista: “Yo soy de derecha y no me apoyaré en partidos árabes (Calcalist, 26-4-2026).

Avigdor Liberman, propone que la coalición que termine con el gobierno de Netanyahu debe incluir solamente “partidos sionistas, sin dar lugar a elementos no sionistas” (Kan, 21-9-2025).

Gadi Aizenkot, otro ex general que pretende desalojar a Netanyahu propone lograrlo por medio de partidos de la oposición sin la participación de partidos árabes (Haaretrz, 27-4-2026).

Solo Yair Golan, quien lidera el Partido Democrático (Asociación de ex Laboristas y Meretz), cuyo peso político no sobrepasa el 10%, propone que los representantes de partidos árabes israelíes sean plenos partícipes de una coalición gobernante.

Llama la atención los permanentes esfuerzos del componente judío de la sociedad israelí de escudarse en la negación para no tomar responsabilidad de esta grosera discriminación. Esta última guerra que se inició en octubre de 2023 y ya se acerca a sus 3 años de edad, demostró claramente que el componente árabe israelí, bajo la permanente lupa de los organismos de seguridad de Israel, se conduce generalmente bajo estrictas normas de lealtad, mientras que las mismas fuerzas de seguridad difundieron decenas de casos de espionaje a favor de Irán o colaboración con el enemigo Hamas en tiempos de guerra por parte de israelíes judíos. 

Nadie debe confundirse ni caer en la trampa que tienden experimentados voceros locales y dirigentes judíos de la diáspora en sus esfuerzos por ocultar esta bochornosa conducta. Es muy común el uso de contados ejemplos esporádicos, o recurrir a demostrar igualdad de oportunidades a árabes israelíes con el uso de personajes marginales dispuestos a jugar la función de mascotas modelos.

La población árabe israelí (2,2 millón) representa un 21% del total, aunque 300 mil de ellos, nativos de territorio bajo soberanía israelí (Jerusalén Oriental), carecen de ciudadanía y son solo residentes sin derecho a votar en elecciones generales. En general, toda la población árabe israelí sufre de una marcada discriminación por ser árabe, aunque vale la pena recalcar que su grado no se puede caracterizar como Apartheid, tal como si lo impone Israel a palestinos en ciertas regiones de Cisjordania (que es otro grave problema).

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 11-5-2026

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kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD


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