MI ENTREVISTA HOY EN DIARIO PAGINA 12 DE ARGENTINA

“Trump y Netanyahu planearon un knock out y van perdiendo por puntos”

Contra todo pronóstico, Irán –aún muy golpeado— le torció el brazo a EE.UU. e Israel. Donald Trump terminó “pidiendo la campana”, derrotado no tanto en el plano bélico, sino en el comercial a partir de la estrategia de Irán. El balance tras 40 días que paralizaron al mundo. Un frágil cese al fuego saboteado por Israel en El Líbano. ¿Tercer round o paz duradera?

Julián Varsavsky

Por Julián Varsavsky

13 de abril de 2026 - 6:01

La guerra en Medio Oriente entró en un frágil cese al fuego, luego de que un Donald Trump contra las cuerdas terminara pidiendo la campana: contra todo pronóstico, se rebajó a rogarle a Pakistán que mediara para sacarlo del aprieto al que los llevó Benjamin Netanyahu, acaso engañado. En Social Truth posteó sobre el plan de diez puntos presentado por Irán, el cual le resulta atractivo --por descarte-- para negociar un acuerdo de paz. Es decir: EE.UU. se sentó a negociar en los términos y condiciones de Irán. Y esto es de una tremenda significación geopolítica. Israel desaprueba el cese al fuego y lo sabotea a bombazos contra civiles en Líbano. Trump reculó porque estaba perdiendo la guerra en el terreno económico y geopolítico, antes que en el militar. Cada vez que EE.UU. escaló el enfrentamiento, Irán le dobló la apuesta. Ni siquiera la amenaza atómica de “borrar toda una civilización” doblegó a los iraníes, sino al propio Trump que quedó en ridículo dando su manotazo de ahogado. El caos mundial que provocaría una escalada iba a ser demoledor para EE.UU. con un correlato electoral para el republicano. Y como hizo siempre ante graves problemas, Trump se replegó asumiendo de hecho la derrota, mientras se atribuía la victoria. En la incierta negociación actual, quizá Irán obtenga gran parte o todas sus demandas.

Para diseccionar la guerra, Página/12 entrevistó a Daniel Kupervaser, economista argentino que emigró a Israel en 1973 y un analista político muy crítico del círculo guerrerista al que ha llevado Benjamín Netanyahu a ese país: dice lo que muy pocos se atreven en tiempos de guerra y nacionalismo ultraderechista, denunciando las atrocidades en Gaza, la colonización y el apartheid en Cisjordania, reconociendo el derecho de los palestinos a tener su propio y verdadero Estado con seguridad real para los dos países. Luego de largas noches en el bunker de su edificio en la ciudad de Herzlya, sale a la luz para analizar los hechos.



--Donald Trump simula una victoria, pero Irán alcanzó todos sus objetivos y sus adversarios ninguno.

--Siguiendo el proyecto de Netanyahu, la guerra se propuso derrocar el régimen de los ayatolas instaurando una alternativa amiga; eliminar totalmente el proyecto autónomo de misiles de largo alcance de Irán; eliminar todo rastro de programa de desarrollo nuclear de Irán extrayendo del país los 450 kilos de uranio ya enriquecido al 60%; y desarmar el sistema regional iraní de aliados. Netanyahu y Trump, hasta el momento, no lograron materializar totalmente ninguno de ellos. Más aun, hay dos aspectos estratégicos no programados que se convirtieron en dramáticos. 1) Irán logró posicionarse casi como patrón y dueño del estrecho de Ormuz. 2) Como consecuencia del apoyo incondicional de Trump a Netanyahu --y a partir de la participación activa de EE.UU. en ataques a Irán junto con Israel a partir de junio de 2025-- comenzó a tomar importancia un profundo proceso de degradación del posicionamiento de Israel en EE.UU. que muy rápidamente puede arribar a una patada en el trasero por parte de los norteamericanos. Así lo atestiguan repetidos sondeos de opinión del último tiempo en EE.UU.

--Trump dio a entender que aliviarán las sanciones a Irán. Es decir: antes del 28 de febrero los iraníes tenían ese grave problema económico y quizá ya no lo tendrán más. Teherán le exige a Washington que retire sus trece bases militares de la región, las cuales por cierto han sido dañadas o destruidas. Trump ha cometido un error garrafal desde los intereses de su país y el costo político le puede resultar fatal. ¿Qué cambios podría generar esto en la geopolítica de la región?

--Es difícil predecir: la guerra no ha llegado a su fin y puede reanudarse. Desde el punto de vista estratégico, creo que la conclusión más importante es que un poder de ataque infernal mediante aviación o misiles, puede producir enorme daño, pero es incapaz de doblegar al enemigo en tierra. El presente ejemplo y el de Ucrania son muy relevantes. Da la impresión de que las campañas terrestres norteamericanas en Vietnam, Irak y Afganistán ya no son tan atractivas y pasaron a la historia. Solo restan los permanentes intentos israelíes de apropiarse de tajadas de territorio limítrofe y ampliar su soberanía en Siria, Líbano, Gaza y Cisjordania.

--¿Se puede hablar de vencedores y vencidos?

--No. Ambos ganaron y perdieron puntos. A mi criterio, la balanza --desde el punto de vista estratégico a largo plazo-- se inclina a favor de Irán. Salió seriamente dañado, pero en pie: su única victoria posible era sobrevivir, que no cayera su gobierno. Visto desde esta perspectiva, ganaron. Sostengo que las guerras no son partidos de fútbol --los Estados no son equipos deportivos-- y los ciudadanos no deben ser la hinchada en la tribuna alentando a su ejército. Generalmente, después de una guerra, cada lado tiene un inventario de logros y fracasos. Hasta una resonante derrota militar puede ser vista como un triunfo, si se la usa como factor aglutinante. El hecho de que Irán pueda sobrevivir al ataque conjunto de dos de las potencias militares más poderosas del mundo, por sí solo es una epopeya histórica para su pueblo.

--¿Quién detuvo la guerra y por qué?

--Sin dudas fue Donald Trump. Se fue dando cuenta --o le tiraron del saco advirtiéndolo que el balance se transformaba dramáticamente en negativo para EE.UU.-- que sus disparates verbales ya no podían cubrir sus errores. Queda por confirmar si no cambia repentinamente de opinión azuzado nuevamente por Netanyahu.

--¿Cuáles fueron los errores tácticos de Trump?

--Permitir que los israelíes lo llevaran a esta guerra; creer que podía ganarla con facilidad, a pesar de lo que le decían todos sus asesores. Y creer que descabezando a una organización la iban a derrotar. Muchas veces le cortaron la cabeza a Hamás, a Hezbolá y ahora a la Revolución Islámica. Nunca les sirvió antes y no será así en el futuro: la solución solo puede ser política.

--¿El cierre del estrecho de Ormuz fue un as oculto en la manga? Era inesperado que Irán le pudiese torcer el brazo a Israel y EE.UU. juntos. Con las diferencias del caso, sucedió algo parecido a Vietnam y a Afganistán: EE.UU. no perdió ninguna batalla pero se tuvo que retirar, de una manera u otra, derrotado. EE.UU. no gana una guerra desde 1945. Es claro que la estrategia de resistencia iraní apelando al caos económico mundial fue magistral. ¿Era algo esperado y sabido?

--Ya desde años atrás no pocos expertos militares y estrategas israelíes habían advertido que, ante la falta de definición de objetivos estratégicos claros a materializar en el terreno iraní, todo intento de guerra podía terminar en un fiasco. Yo difundí en mi blog repetidas advertencias de expertos conocidos internacionalmente como Danny Citrinowicz y Ronen Bergman, quienes advertían sobre los sueños de Netanyahu muy alejados de una realidad posible.

--Irán –siguiendo el ejemplo de Corea del Norte- va a tener más motivación que nunca para nuclearizarse: queda claro que es la única manera de asegurarse de que nadie lo ataque.

--Mi teoría es la siguiente: Irán siempre estuvo convencido de que necesita de poder atómico independiente para asegurar su existencia y su régimen de gobierno. Nadie se propone atacar con la bomba atómica, pues ello equivale a un suicidio: la bomba regresa como boomerang lanzado por otro país. Los países la buscan para garantizarse no ser atacado. Tenerla no significa disponerla materialmente. El plan de Irán era disponer de infraestructura y todos los elementos necesarios, pero mantenerla en una situación de “umbral” para no exasperar a sus posibles enemigos. Y en todo caso, disponer de ella si la situación lo exige en un tiempo relativamente corto. Supongo que todo acuerdo que Irán esté dispuesto a firmar, tratará de mantener esta posición, especialmente la exigencia del derecho iraní al enriquecimiento de uranio en su tierra, incluso bajo serias limitaciones de pureza y cantidad, como lo fue durante la vigencia del Plan de Acción Integral Conjunto JCPOA --2015-2018-- que Irán cumplió a rajatablas según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y que Trump, presionado por Netanyahu, lo abandonó en 2018 lanzando sanciones contra Irán.

--¿Qué ganó y perdió Benjamin Netanyahu?

--Si el campo de batalla no sufre un significativo vuelco a favor de Israel en los próximos días de reanudarse la guerra en Irán, como primer ministro de un Estado, perdió mucho y prácticamente logró muy poco. Tal vez se pueda mencionar como logro un trabajo militar táctico “brillante” entre los ejércitos de Israel y EE.UU. Netanyahu demostró una gran habilidad en planificar pasos tácticos como la eliminación de Alí Jamenei y la cúpula militar y política de Irán. Y a la vez, demostró una gran impericia en convertir esos “éxitos tácticos” en logros estratégicos, que son los más importantes. En tanto como candidato a ser reelegido o a mantener injerencia en la política nacional, el peso de los acontecimientos de esta guerra es mucho menor para Netanyahu. El voto israelí tiene una alta carga de componente visceral que dificulta sopesar terremotos políticos o militares de los políticos. Israel dispone de un sistema parlamentario donde el primer ministro necesita apoyo del 50% + 1 de las bancas para ser elegido. Los partidos nacionalistas religiosos y religiosos ultraortodoxos poseen un potencial casi inamovible del 25% al 30% de los escaños. Y dadas sus extremas demandas sectoriales, solamente Netanyahu está dispuesto a hacerlos participes en su gobierno. Por otro lado, los partidos árabes logran entre un 10% y 12% y son totalmente discriminados de participar en una coalición gubernamental “judía”. Entonces Netanyahu solo necesita alcanzar un mínimo del 18% al 20% del electorado para mantenerse como elemento clave a formar el próximo gobierno. La mayoría de los analistas duda que la oposición pueda remover con facilidad a Netanyahu.

--La carrera política de Nethanyahu siempre estuvo enfocada en la guerra colonial, en destruir la convivencia pacífica con los palestinos. Su otro eje ha sido sabotear el acuerdo que Obama firmó con Irán en 2015. En la primera presidencia de Trump lo convenció de que se retirara del acuerdo. Ahora lo convenció de atacar juntos a Irán. Pero fracasó en su objetivo de tumbar al gobierno de Irán y cero energía nuclear. ¿Este fue el gran fracaso de la vida política de Netanyahu?

--Analizándolo fríamente, si los iraníes no levantan bandera blanca --algo poco razonable-- se trata del fracaso de su vida. La temática iraní fue su caballito de batalla y el centro de la problemática de Medio Oriente en todas sus campañas, ya desde el principio de su actividad política, cuando a fines de los ´80 cumplía funciones de enviado diplomático en la embajada de Israel en EE.UU. En su segundo mandato --2010-2012-- según trascendidos, ante la negativa de EE.UU y Europa de unirse a su proyecto de atacar a Irán, Netanyahu trató de planificar un ataque solo israelí. En varias oportunidades los altos mandos del Ejército y del Mossad lo desecharon por considerarlo irreal. Su gran logro esta vez fue convencerlo a Trump, constelación que antepone un serio signo de interrogación sobre qué bases sustentan las relaciones Trump-Netanyahu.

--¿Qué gano y perdió Donald Trump?

--Desconozco el grado de deterioro de la imagen de Trump en EE.UU., pero trascendieron detalles de una general disconformidad de los mandos estratégicos y militares contra la actitud de Trump de someterse totalmente a los caprichos de Netanyahu. No se puede pasar por alto que el representante de Trump para las negociaciones con Irán en Pakistán no son Steve Witkoff ni Jared Kushner --fieles voceros de las posiciones de Trump-- sino su vice James David Vance, conocido por sus posiciones en contra de esta guerra: la consideraba inconveniente.

--¿Cómo queda el gobierno de Irán después de esto?

--Al menos a partir de la información a la que tengo acceso, queda claro que la idea de tirar abajo el régimen actual iraní pasó a la historia y hacia afuera, las posiciones iraníes se endurecieron mucho más. Desde el punto de vista interno, perdieron posiciones los tradicionales altos líderes religiosos para que, en lugar del clero islámico, más bien la Guardia Revolucionaria tome las riendas en un sistema muy parecido a una dictadura militar, a quienes se les adjudica una mayor capacidad de intransigencia.

--¿Qué sucede con la invasión de Israel al Líbano? ¿Entró para quedarse? ¿Está aplicando la misma política de tierra arrasada que en Gaza con el fin de avanzar un poco más en la anexión?

--Líbano es una trampa que no sé qué camino tomará. De todas maneras, ya se decidió que la próxima semana habrá un encuentro de delegaciones de Israel y Líbano para negociar un posible acuerdo que se proponga eliminar y desarmar a Hezbolá. El problema es que ni Líbano ni Israel pueden prácticamente hacerlo. El primero, por no disponer de fuerzas apropiadas; e Israel no puede porque sería necesario conquistar todo el país, un acto imposible de pensar hoy. Irán exige como condición para negociar con EE.UU. que Israel cese sus operaciones en Líbano y se ha informado que Trump le pidió a Netanyahu que limite esos ataques.

--Gideon Levi en el diario Haaretz cerró su análisis diciendo: “Ayer bajé al refugio municipal del barrio que nos protegió tan bien durante casi seis semanas. Vine para apagar la luz. Al hacerlo, lo supe: la luz volvería a encenderse. ¿Esto continuará?

--No sé si seguirá con Irán, todo depende de las negociaciones directas entre EE.UU. e Irán y las presiones de Netanyahu a Trump. Como el problema palestino no tiene miras de ser considerado por Israel, es muy probable que en un futuro próximo nos veamos en la necesidad de retornar a nuestras corridas a los refugios. Sin una visión totalmente diferente respecto de este conflicto --que no se resuelve por la fuerza-- la violencia retornará una y otra vez. No me cabe duda. El problema palestino es el motor de la mayoría de los conflictos en Medio Oriente, pero Israel no da la menor muestra de ofrecer solución alguna. Israel patea el problema adelante sin resolverlo.

--¿Existe alguna esperanza de que eso pueda cambiar? No sería extraño que Netanyahu siga manejando el poder, pero la oposición no cambiaría el status quo en Palestina. ¿Qué esperanza queda?

--No hay conflictos eternos, hay liderazgos inoperantes. El conflicto palestino-judío en Israel ya tiene más de un siglo de duración. Hay una salida razonable aceptada prácticamente por todo el mundo: partición territorial consensuada del río al mar con reconocimiento y estrictos órdenes de seguridad mutua. Pero los liderazgos de ambos pueblos son incapaces de materializarla. Tanto entre judíos como entre palestinos tomaron importancia fuertes sectores extremistas bajo la concepción de que todo el territorio le pertenece a su pueblo con el derecho a desterrar al otro. Son Hamas y la Yihad por un lado y el nacionalismo religioso y el movimiento colonizador entre judíos. Lamentablemente, tanto entre judíos como entre palestinos, en vez de marginar a estos grupos, los acoplan a su liderazgo. Y de esa manera el conflicto se eterniza. Ninguno podrá desterrar al otro y el conflicto continuará con todo su dolor.

--El politólogo judío de izquierda norteamericano Norman Finkelstein dice que no habrá un nuevo “round” con Irán. Porque conociendo la mente de Trump, no lo va a volver a intentar. Puso de ejemplo la amenaza de anexar Groenlandia. En Minnesota bravuconeó que iba a tomar el estado, vio el costo político muy grande, retiró al ICE y pasó a otro tema. Ahora que fracasó en Irán, seguramente dejará el asunto de lado. ¿Qué opina sobre esta tesis?

--La diferencia entre el conflicto con Irán y el de Groenlandia es la presencia de Netanyahu. No él personalmente, sino los cientos de millones de dólares de judíos en EE.UU. que recibe personalmente Donald Trump al igual que los candidatos de su partido y muchos demócratas, a condición de que adopten políticas a favor de Israel. Vale la pena rememorar los festejos públicos de Trump ante el anuncio de la millonaria Miriam Adelson a una donación de 250 millones de dólares para financiar la campaña que permita una tercera presidencia de Trump, hasta ahora prohibida por ley. Irán no representa y no representaba una amenaza estratégica seria para Washington. Eso lo afirman los más altos niveles del mando norteamericano. El accionar de Trump en esta guerra fue motivado principalmente por su sumisión al dinero de judíos de su país que le exigen adaptarse a las exigencias de Netanyahu. Los árabes tienen mucho más dinero, pero no hay árabes ricos en EE.UU. como los judíos. Para financiar las campañas políticas en EE.UU. solo se aceptan donaciones de personas locales. Esta es la clave del predominio de intereses de Israel.


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