YOSSI KLEIN: "EN ISRAEL A LA FUERZA SE LE HA DADO UN ESTATUS SAGRADO PORQUE DIOS SIEMPRE NOS AMARÁ"
Del traductor: Una imagen
de la degeneración del judaísmo en Israel.
Observen
la devoción en los ojos de un niño religioso judio ultra ortdoxo que lanza una
piedra a un policía, el temor sagrado con el que un colono prende fuego al
coche de un palestino. Todo por el bien del cielo. No piensen ni por un momento
que esto es un beneficio personal. Queman palestinos solo por el bien del Dios
de los operativos de Israel.
Es
solo por él que un ultra ortodoxo lincha a un conductor árabe. «La historia nos
ha elegido para ser la punta de lanza de la lucha contra el enemigo que
insulta, calumnia y blasfema al Dios de los ejércitos de Israel», explicó el
coronel Ofer Winter a sus soldados en Givati.
¿Violencia
en Cisjordania? ¿De qué se quejan? Vayan al Libro de Josué, todo está escrito
allí. Todo es con autoridad y permiso. El Libro de Josué es la ley, no la
justicia formal. La fuente de la ley es divina. No se discute con Dios. Sus
intérpretes son rabinos y políticos. La democracia también puede acomodarlos,
siempre que obedezcan sus reglas. Pero ¿qué ocurre cuando no obedecen? Cuando
no obedecen, perpetran pogromos en el mundo árabe ante la débil protesta de los
sionistas religiosos. Según el historiador Uriel Tal, la violencia no es
considerada por ellos una falla moral. Cuando sirve a un objetivo religioso
nacional, es una necesidad sagrada. ¿Qué ocurre con la violencia religiosa
cuando se enfrenta a la violencia militar? La libera de toda restricción
humana, legal o moral, escribe el profesor Tal: «La redención histórica se
convierte entonces en una ideología de poder». Nos guste o no, somos cómplices
de la ideología de la fuerza.
La
ideología de la fuerza ha adquirido una dimensión de santidad. Dios siempre nos
amará, incluso cuando matemos niños. El rabino Israel Hess escribió: «Se acerca
el día en que seremos llamados a este precepto de guerra, el precepto de
destruir a Amalec (la encarnacion del mal que aleja al ser de Dios)», y Tal
añade: «Es un precepto de genocidio».
El
profesor Tal cita fuentes del sionismo religioso según las cuales «a los israelíes se les ordenó ser santos, y
no morales ni humanos según los estándares aceptados. Las enseñanzas morales
aceptadas por la humanidad, al menos en principio, no obligan al judío porque
fue elegido para estar por encima de ellos».
La
religión del genocidio dio origen naturalmente a la religión de la seguridad.
No la seguridad como medio, sino como fin. Es una religión cuyos secretos
ocultos solo comprenden sus sumos sacerdotes —generales retirados y comentaristas
militares en activo— secretos ocultos tras «consideraciones de seguridad».
Nosotros, los simplones, nunca podremos comprender tales consideraciones, así
que las tragamos, digerimos y seguimos sin entender. Los periodistas no nos lo
explicarán, no trabajan para nosotros. No serán ellos quienes expliquen cuándo
la violencia es necesaria y cuándo es una provocación política.
Ya
reconocemos las provocaciones políticas, pero las olvidamos rápidamente. No han
pasado ni cuatro meses desde que los misiles sobre Qatar intentaron frustrar
las negociaciones sobre los rehenes, y ya lo hemos olvidado. Solo ha pasado un
mes desde que Feldstein (asesor de Netanyahu complicado por haber servido en
paralelo intereses de Qattar por dinero) explicó que los periodistas sirven a
las fuentes, no a nosotros, y ya lo hemos olvidado. Olvidamos que todo informe
sobre Irán es aparentemente objetivo, pero siempre se sospecha que está
sesgado, engañado o manipulado. Porque en la religión de la seguridad, se
permite mentir.
Aceptamos
la "agresión iraní" como un fenómeno natural, como tormenta de verano
y la lluvia en invierno. No sabemos ni preguntamos. Olvidamos que no solo Irán
tiene capacidad nuclear y sacerdotes religiosos trastornados. Confiamos en Nir
Davuri (analista de seguridad de canal de TV mas visto en Israel). Al fin y al
cabo, la información sobre Irán, al igual que la de Gaza, proviene de fuentes
dudosas; es decir, del gobierno y del ejército. Ni se nos ocurre que el informe
sea sesgado.
Nos
educaron para creer que solo la fuerza, la guerra y la violencia nos salvarán.
La fuerza ha sustituido al cerebro. El judío que sobrevivió años de exilio con
su sabiduría e ingenio se ha convertido en un necio testarudo y de mente
estrecha, con un garrote en la mano, buscando con quién luchar. Hemos aprendido
a vivir con este tipo de personas, como una familia aprende a vivir con un hijo
violento que de repente decidió convertirse. No es agradable estar en una
familia así. Es desagradable ser ciudadano de un país donde Inon Magal
(presentador de TV que apoya provocativamente a Netanyahu), Mordejai David (conocido
activista violento del Likud) y Ben Gvir son su nueva cara.
Quisiéramos
ser ciudadanos de un país amante de la paz que se ve obligado a usar la fuerza
solo para vivir en paz. Pero no lo somos. Quien estraña las guerras divinas
debería ir a las ruinas de los edificios en la intersección Allenby-Ben Yehuda
en Tel Aviv y ver el precio que cobran tales guerras.
Fuente: Haaretz, 15-1-2026
Traducción: Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 15-1-2026
https://ojalameequivoque.blogspot.com/
kupervaser.daniel@gmail.com
@KupervaserD
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