ÁRABES NO ELIMINARÁN ISRAEL DEL MAPA. EL FUNDAMENTALISMO JUDÍO LO CONVERTIRÁ EN TEOCRACIA ABSOLUTA COMO IRÁN
Netanyahu avanza en conformar un estado seudo democrático
basado en gobierno elegido con poderes ilimitados. Será el inicio de una
teocracia judía absoluta
Tras casi cuatro años de un persistente empate político
entre los denominados bloques de izquierda y derecha, y con la sola excepción
de un intento de gobierno de izquierda que perduró menos de un año, a fines de
2022 la sociedad israelí fijo definitivamente su destino coronando un gobierno
que se lo denominó “puro de derecha”.
En realidad, se trata de una coalición cuya mitad proviene
de la derecha tradicional (el Likud) y la otra mitad por el fundamentalismo
religioso judío, tanto nacionalista (liderado por Smotrich y Ben Gvir) o ultra
ortodoxo, en sus dos versiones: askenazi y sefaradí.
El adhesivo que une a esta coalición
no es ideológico, sino más bien táctico. Netanyahu y el Likud no tienen
alternativa de socios más que el fundamentalismo religioso judío. Su proyecto
es imponer en Israel un absolutismo electo, o seudo democracia, caracterizado
por un poder político adquirido en elecciones, pero de ninguna manera sujeto a limitaciones
institucionales, fuera de la ley divina según su interpretación. Una división
de poderes totalmente controlada o limitada es solo una cortina de humo.
GERSHON WEILER: TEOCRACIA JUDÍA
Es muy probable que Netanyahu logre
materializar su proyecto, pero él y su partido no podrán liderarlo por mucho
tiempo. Sus socios de hoy lo esperan en la vuelta de la esquina de la historia
para quitárselo.
El fundamentalismo religioso judío entiende
no participar en carreras cortas sino en una maratón política donde la
demografía le garantiza en término de década, o máximo dos, convertirse en el
factor de poder claramente dominante en Israel. Subirse hoy a la coalición de
Netanyahu no es más que el puntapié inicial y la solidificación de las bases
que garantizaran en un futuro próximo la toma de poder absoluto y la transformación
de Israel en estado halájico.
El plan religioso de usar al Likud
como catapulta para luego tirarlo a la banquina de la historia no se trata de
una lucubración disparatada, sino de un proyecto minuciosamente diseñado y
basado en conductas y parámetros objetivos.
En las últimas elecciones los
partidos religiosos obtuvieron 32 escaños (de un total de 120) lo que les otorgó
un peso relativo y poder de influencia cercano al 50% en la composición de la
coalición gobernante en el parlamento y gobierno de Israel. Esta fuerza política
se transformó en una larga lista de logros que nos indican claramente la
dirección de un futuro estado halájico. Millonarios presupuestos destinados intencional
y exclusivamente a instituciones y población religiosa, imposición de normas
religiosas a la sociedad civil, prioridad a la educación religiosa, liberación
de religiosos ultra ortodoxos del ejército, intromisión de componentes
religiosos en decisiones estatales, etc., etc.
Pero todo esto es solo el aperitivo
que abre el apetito del gran festín político que el fundamentalismo religioso
judío programa para el futuro de Israel.
Los 32 escaños que esos partidos
lograron obtener en las últimas elecciones, representan el 30% de
parlamentarios de partidos judíos. Este dato es mucho más importante que su
porcentaje sobre el total de parlamentarios, ya que los partidos árabes no se
toman en cuenta, tradicionalmente marginados de coaliciones gobernantes (fuera
del fracasado intento de un solo año del gobierno de Lapid-Bennet en 2021-22). Este
resultado es la consecuencia de un peso relativo del 35% de la población judía
religiosa sobre el total de la población judía de Israel en 2022.
Las proyecciones demográficas
estiman un dramático cambio en términos de dos décadas, debido básicamente a
las altísimas tasas de natalidad en familias religiosas judías, especialmente
en el marco de los ultras ortodoxos. Según varias estimaciones, el peso
relativo de la población religiosa judía en Israel del total de la población
judía al final de ese periodo rondaría entre el 50 al 60%. Teniendo en cuenta
estos números y una estricta disciplina electoral característica de estas
agrupaciones políticas, no sería difícil pronosticar que en término de dos
décadas el fundamentalismo religioso judío podría disponer muy cerca o más del
50% del poder político de Israel.
En vista de estas perspectivas, ya
es posible palpar el surgimiento de conductas propias de quienes perciben
claramente el camino por el que se perfila el futuro del Estado judío en manos
del fundamentalismo religioso judío. Desde que Netanyahu asumió el poder en esta
cadencia en 2023 hasta fin de 2025, el saldo neto de emigración israelíes (salidas
menos regreso) se contabilizó en más de 140,000 que abandonaron el país, fenómeno
insólito en la historia de Israel. Mas preocupante es justamente los caracteres
principales que generalizan esta población. Según informó la Oficina Central de
Estadísticas, se trata, en su gran mayoría, de jóvenes, con altos niveles de educación
y provenientes de localidades caracterizadas por un elevado nivel socio-económico.
Se trata del componente crítico capaz de empujar el desarrollo socio-económico futuro
de Israel (“La fuga de cerebros ha comenzado”, The Marker, 16-12-2025)
El resultado ya comienza a palparse
en procesos demográficos dentro de Israel. Los medios informan de un inusitado
proceso de crecimiento de población religiosa ultra ortodoxa en 21 centros
poblacionales reconocidos hasta ahora por su gran mayoría de población laica,
todo ello fuera de los reconocidos e históricos centros ultra ortodoxos, como Benei
Brak, Mea Shearim, Beitar Ilit, Beit Shemesh, Imanuel, etc. (“La revolución silenciosa
en Israel”, The Marker, 16-1-26).
El proceso está en marcha y no se
perfila fuerza que lo detenga. En término máximo de 2 décadas Israel se convertirá
en un estado religioso halajico bajo una teocracia judía absoluta en todos sus
aspectos, mientras que, si el judaísmo laico quiere continuar floreciendo, tendrá
que encontrar espacio en la diáspora, si es que lo dejan.
En el año 1976 el profesor Gershon
Weiler señaló en su libro “Teocracia judía” lo que podría considerarse una
profecía: “la religión judía, tal como está formulada en la Halajá, no puede
servir como base para un estado moderno”.
Herzlya – Israel 10-1-2026
https://ojalameequivoque.blogspot.com/
kupervaser.daniel@gmail.com
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