MICHAEL MILSHTEIN: "HACIA LA SEGUNDA FASE DEL ACUERDO EN GAZA. CONECTARSE CON LA REALIDAD
Del Traductor: Dedicado a los
ingenuos que se tragaron la promesa de victoria total de Netanyahu y que
festejan toda muerte de palestino
Contrariamente a la impresión imperante hasta hace dos
meses de que Hamás siempre mantendría a los rehenes como si fueran
"cartas", la organización ha cumplido la mayoría de sus compromisos con
la primera fase del acuerdo de alto el fuego y ahora solo debe devolver al
último rehén, Ran Gweily. Hamás, que una vez más sorprendió y demostró la
continua e inexplicable incomprensión de Israel hacia la organización, no actuó
por presión ni desesperación, sino en respuesta a una garantía recibida de
Washington sobre el fin de la guerra, lo que lo anima a avanzar en la segunda
fase del acuerdo.
Israel cayó en una trampa. Por un lado,
Hamás está restableciendo su estatus de soberanía en la Franja de Gaza,
restaurando la vida a su cauce normal en la región (recientemente se reanudaron
los estudios allí, incluso en la Universidad Islámica, uno de los bastiones de
la organización en la Franja de Gaza), resistiéndose constantemente al desarme
y, en efecto, demostrando que el objetivo final de erradicar la organización o
neutralizar completamente su capacidad militar no se ha logrado. Por otro lado,
Israel no puede volver a los combates intensos, principalmente porque Trump
—quien realmente determina lo que sucederá en Gaza— pretende presentar un logro
estratégico y no lo permite, a pesar de las violaciones de Hamás, y en su lugar
exige pasar a la segunda fase.
La segunda fase podría ser inminente y revelar brechas
significativas entre lo que el gobierno exige, planea y promete que sucederá en
Gaza y lo que realmente sucederá. En primer lugar, es probable que pronto se
ejerza presión sobre Israel para que se retire de la línea amarilla que muchos
ya han descrito como "un Muro de Berlín que existirá durante muchos años y
que dividirá dos tipos opuestos de Gaza". Actualmente, ambas zonas están
en guerra: en una, la mayoría de los gazatíes viven bajo el gobierno de Hamás,
y en la otra, unos pocos miles de miembros de milicias que cooperan con Israel
y viven bajo su protección, y que, como lo ilustra el asesinato de Yasser Abu
Shabaab la semana pasada, están lejos de ser una alternativa a Hamás.
Tres obstáculos se interponen al comienzo de la
segunda fase. El primero y más difícil de todos es la exigencia de desarme de
Hamás. Dada la negativa de Hamas, basada en principios, a renunciar a un
elemento central de su identidad, los mediadores promueven soluciones de
compromiso, como la disposición a renunciar únicamente a las "armas
ofensivas" (principalmente misiles, algunos de los cuales siguen en manos
de la organización). El profundo anhelo de Trump por preservar el acuerdo
podría llevarlo a declarar que este es un compromiso satisfactorio para él,
como declaró hace unos dos meses que la respuesta de Hamás a su plan de 20
puntos permite la firma de un acuerdo, aunque la organización no se ha
comprometido con todas sus demandas, principalmente el desarme.
El segundo obstáculo es el despliegue de la fuerza
multinacional en la Franja de Gaza. Actualmente, existe una clara dificultad
para implementar la idea, dada la escasa respuesta de la comunidad
internacional al despliegue de fuerzas cuando Hamás se opone a la iniciativa y
es probable que actúe contra ellas sobre el terreno. Aquí también podría surgir
un compromiso que Trump adoptaría para la presencia de fuerzas a escala
limitada, principalmente con fines de vigilancia, que podrían desplegarse en
lugar de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a lo largo de la Línea
Amarilla.
Un obstáculo relativamente simple es la idea de
establecer un gobierno alternativo a Hamás, algo que la organización acordó al
comienzo de la guerra con el entendimiento de que sería una fachada tras la
cual podría seguir manteniendo su poder en Gaza, similar a Hezbolá en el
Líbano. Se espera que Netanyahu se oponga a la conexión entre el nuevo gobierno
y la Autoridad Palestina, pero parece que para Trump, quien ya habla de un
Estado palestino, no tiene ningún problema en principio.
Los escenarios descritos son, con razón, impactantes
para cualquier israelí acostumbrado a escuchar que la guerra terminará con la
desaparición de Hamás y que ahora descubre que la organización sigue existiendo
e incluso es un actor dominante en Gaza, y que no hay alternativa en su lugar,
y mucho menos del conjunto de milicias que Israel ha cultivado.
Como siempre, decir la verdad es preferible a
fantasear y exagerar eslóganes vacíos. En Gaza, es probable que el próximo
gobierno oficial tenga capacidades limitadas, con Hamás existiendo entre
bastidores como una fuerza no gubernamental pero influyente. Por el momento, la
capacidad de Israel para reanudar los combates intensos es limitada, y si Trump
da luz verde, será necesario presentar a la población la verdad de que un golpe
profundo a Hamás requiere la ocupación de toda la Franja y una permanencia
ilimitada allí, y explicar el precio que se exigirá, el principal de los cuales
es el trato a dos millones de gazatíes hostiles.
Dos meses después del final de la guerra, está claro
para la mayoría de la opinión pública que no existe una victoria total: ni en
el Líbano, donde la probabilidad de una escalada es cada vez mayor; ni contra
Irán, donde el dilema sobre la necesidad de una nueva ronda se agudiza; y, al
parecer, tampoco en Gaza, donde se desató la guerra y donde la magnitud de los
daños, pero también la influencia, de Israel es particularmente alta.
Ante la prevista entrada en la segunda fase, es
necesario que Israel se centre en tres intereses fundamentales: mantener la
capacidad de actuar contra cualquier amenaza que surja en la Franja, como se
hizo en el Líbano; una supervisión eficaz y decidida del liderazgo
estadounidense en el corredor Filadelfia y el cruce de Rafah; y la capacidad de
vetar la composición del futuro gobierno que se establezca en la Franja de
Gaza, especialmente si resulta que contiene elementos identificados con Hamás.
Todo ello mientras se planifica una amplia campaña futura para erradicar a
Hamás, que esta vez será planificada, sobria y por iniciativa de Israel.
Este escenario se vuelve cada vez más hostil para los
israelíes, y especialmente alejado del objetivo establecido desde el comienzo
de la guerra, y sigue siendo un mal menor en comparación con las otras
alternativas existentes, en un escenario coherente con la necesidad de Israel
de centrarse actualmente en otros escenarios, principalmente en el Líbano e
Irán.
El Dr. Michael Milstein es director del Foro de
Estudios Palestinos del Centro Dayan de la Universidad de Tel Aviv.
Herzlya – Israel 7-12-2025
https://ojalameequivoque.blogspot.com/
kupervaser.daniel@gmail.com
@KupervaserD
Es decir que nada en realidad ha cambiado desde el establecimiento del Estafo de Israel.
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