JACK KHOURY: "VIOLENCIA JUDÍA EN CISJORDANIA ES LA MATERIALIZACIÓN COHERENTE DE POLÍTICA DE ANEXIÓN"

DEL TRADUCTOR: Israel, estado promotor de terrorismo judío. Una medalla de honor para el judaísmo del mundo que mayormente se calla y solo llora cuando, como consecuencia, afloran olas de aversión a judíos.


Lo que se está desarrollando actualmente en Cisjordania ya no es una simple "ronda de fricción": no es un evento estacional relacionado con la cosecha de aceitunas de otoño, ni un brote localizado de violencia que pueda contenerse o enmarcarse como un problema local. Se trata de una realidad diferente, mucho más peligrosa: una realidad que surge de la política.


JACK KHOURY

Esta política es clara y continua. Su objetivo es establecer hechos sobre el terreno, para que la anexión en Cisjordania no se quede en una declaración política futura, sino en un suceso cotidiano del presente. El viejo argumento del sistema de seguridad israelí, de que cualquier ola de violencia de este tipo es un asunto temporal que surge principalmente durante períodos "sensibles" como la cosecha de aceitunas, ha perdido todo fundamento. La cosecha terminó hace mucho tiempo, y la violencia no ha hecho más que intensificarse desde entonces. Los ataques contra pastores, agricultores, familias en aldeas y civiles indefensos palestinos son implacables. Los atacantes no solo utilizan piedras y palos, sino también armas de fuego, gas pimienta, herramientas para destruir propiedades y fuego. Hay heridos, ovejas sacrificadas y árboles arrancados. Todo lo que se define como palestino puede ser dañado.

 Los acontecimientos de los últimos días ilustran claramente la gravedad de la violencia: en la noche del lunes al martes, cinco israelíes asaltaron una casa familiar en la aldea de Samua, en las colinas del sur de Hebrón. Hirieron a una madre y a sus tres hijos e incluso maltrataron a las ovejas de la familia. El daño a los animales palestinos no ha sido una excepción desde hace tiempo, sino un patrón recurrente.

El tiroteo de los colonos contra palestinos cerca del asentamiento de Anatot el lunes por la noche, que terminó con heridos graves, también refleja una realidad más amplia: se utilizan armas militares imprudentemente contra civiles palestinos, a veces por colonos y no por soldados. La versión oficial israelí siempre presentará esto como un "enfrentamiento" y como un "lanzamiento de piedras" que justificará el resultado.

 Aquí es precisamente donde radica el problema: el intento constante de las fuerzas de seguridad y a nivel político de presentar la violencia como las acciones de un "puñado pequeño", "chicos de las colinas" o "jóvenes fanáticos" que no representan a los colonos es engañoso. No porque no haya extremistas, sino porque este extremismo opera dentro del marco de la política. El estamento político-de seguridad lo ignora sistemáticamente, y a veces incluso lo apoya en secreto.

 Si bien existe disuasión en Cisjordania, esta se ejerce únicamente contra los palestinos. Los colonos violentos no la perciben como una amenaza real. El ejército, la policía y los servicios de seguridad están presentes sobre el terreno, pero su presencia no protege a los palestinos. Al contrario: en muchos casos, crea una sensación de inmunidad en los atacantes. Cuando un palestino empuña un arma, se convierte en un objetivo inmediato. Cuando un colono armado ataca a palestinos, el incidente se minimiza, se investiga con pereza o se archiva sin acusación. Esto no es anarquía. Es una clara distinción entre quienes están protegidos por el sistema y quienes permanecen completamente expuestos.

Y en esta realidad, la Autoridad Palestina se ha convertido en un factor irrelevante. Sus agentes policiales y de seguridad no pueden, y a veces temen, acercarse a las zonas de conflicto. Los intentos locales de establecer comités de vigilancia aldeana fracasan debido a los arrestos y la violencia militar, y principalmente porque no hay una forma real de lidiar con los colonos armados a los que se les ha concedido inmunidad. El mensaje a los palestinos es claro: no hay nadie que los proteja.

 Junto a la violencia, la política oficial del gobierno también avanza. La aprobación por parte del gabinete de la regularización de 19 nuevos asentamientos —tras la regularización de decenas de ellos en los últimos años— y la inversión de decenas de miles de millones de shekels en infraestructura en Cisjordania no son pasos técnicos. Son aspectos adicionales del mismo proceso. Así es como se está implementando la anexión en la práctica, sin declararla oficialmente y con un argumento fijo y difícil de manejar: la "seguridad".

Aquí es donde entra en juego la dimensión internacional. En un momento dado, se creyó que sería útil y brindaría protección a los palestinos, pero tampoco ha dado los resultados esperados. Ni la ONU (con sus instituciones), ni la Corte Internacional de Justicia, ni la Europa progresista, ni siquiera la poderosa China están ayudando a los residentes de Cisjordania. Tampoco tiene sentido confiar en los países árabes. ¿No lo creen? Pregúntenle a los palestinos de Gaza.

 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue en el poder. Si aún quiere convencerse de que no hay anexión en Cisjordania y de que ha logrado una paz en Oriente Medio como no se ha visto en 3.000 años, debería fijarse en lo que está sucediendo sobre el terreno. Que vea las acciones, no las declaraciones. Puede que la guerra en Gaza se haya detenido, aunque sus habitantes tendrán que lidiar con sus devastadoras consecuencias durante muchos años. Pero otra guerra se está desarrollando en Cisjordania, más silenciosa y no menos destructiva. Quienes buscan la paz no podrán ignorar esta realidad ni definir Cisjordania como una región estable.

La paz no se construye sobre la base de la violencia cotidiana, la expulsión gradual y la negación de protección a toda una población. Esta es la verdad. Y en Cisjordania, ha sido imposible ocultarla durante mucho tiempo.

 Fuente: Haaretz, 24-12-2025

Traducción: Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 24-12-2025

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@KupervaserD

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