DANNY CITRINOWICZ: “TRUMP LO ENTENDIÓ Y CAMBIÓ DE OPINIÓN
- DETRÁS DEL ZIGZAG FRENTE A IRÁN”
Reseña
Estados Unidos tiene la capacidad de infligir un daño sin
precedentes a Irán, pero no es seguro que esto conlleve un daño estratégico. •
El régimen de Teherán, por su parte, está dispuesto a pagar un alto precio. •
Las tres opciones que se presentaron ante Trump y la consideración que lo llevó
a cancelar el ataque —al menos en apariencia.
Retomar la campaña contra Irán con el mismo patrón de
acción no cambiará la realidad en el Golfo ni llevará a Teherán a rendirse.
Ampliar la campaña para atacar infraestructura estratégica en Irán también
podría causar un daño sin precedentes al régimen, pero es dudoso que esto
cambie sus decisiones estratégicas. Esta es probablemente una de las
principales razones de la vacilación del gobierno de Trump respecto a retomar
un conflicto militar a gran escala.
La decisión de esta noche de posponer el ataque a gran
escala contra Irán no se tomó al azar. La presión de los estados del Golfo,
principalmente Arabia Saudita, junto con las reservas de altos funcionarios del
círculo del presidente Trump, llevaron al gobierno a darle otra oportunidad a
la vía diplomática. Esta decisión indica que Washington tampoco confía en que
otra campaña logre que Irán se siente a la mesa de negociaciones en una
posición débil.
La pregunta realmente importante
Sin embargo, la pregunta más importante es si un ataque
estadounidense a gran escala cambiaría la realidad estratégica. La respuesta
probablemente sea negativa.
Si la administración hubiera retomado el patrón de acción
que caracterizó la campaña anterior —es decir, eliminar a altos funcionarios,
atacar instalaciones de producción de armas y dañar las instalaciones militares
de Irán—, sin duda habría causado más daño a las capacidades militares de
Teherán. Sin embargo, no hay razón para suponer que esto habría cambiado su
postura sobre los temas centrales, principalmente el control del estrecho de
Ormuz. El daño habría aumentado, pero la política iraní habría permanecido
inalterada.
La segunda opción era ampliar la campaña para atacar
infraestructura civil y estratégica, como centrales eléctricas, instalaciones
energéticas y otras infraestructuras vitales. Tal medida dañaría gravemente la
economía iraní y profundizaría la crisis interna. Pero incluso en tal caso, se
habría esperado una respuesta iraní particularmente severa: ataques contra la
infraestructura energética de los estados del Golfo, mayores daños a las rutas
marítimas y una profundización de la crisis económica regional y global. Aun en
este escenario, no hay certeza de que Irán cambiara su política o renunciara a
sus demandas.
Una tercera opción habría sido utilizar fuerzas
terrestres para tomar objetivos estratégicos, como la isla de Kharg, o intentar
controlar las reservas de uranio enriquecido. Esta acción habría causado a Irán
un daño estratégico significativo e incluso habría perjudicado sus capacidades
nucleares. Sin embargo, también habría extendido drásticamente la guerra y
requerido una participación estadounidense profunda y sostenida, sin que fuera
posible garantizar la rendición del régimen iraní.
Este es el punto clave. Irán no está analizando la
campaña únicamente en función del costo frente al beneficio militar o
económico. Desde la perspectiva del régimen, renunciar a principios
fundamentales, ya sea en el ámbito nuclear, sus capacidades militares o su
percepción de influencia regional, se percibe como una amenaza existencial. Por
lo tanto, incluso si el precio es muy alto, el liderazgo en Teherán podría
preferir la escalada a la rendición.
Mientras Estados Unidos, Israel y los estados del Golfo
no estén dispuestos a invertir los recursos, las fuerzas y los costos
necesarios para desestabilizar el régimen durante años, es difícil imaginar
cómo otra ronda militar podría conducir a la rendición de Irán o a un cambio
fundamental en su política.
Esta es también la razón de la profunda indecisión en
Washington y del temor de los estados del Golfo. No cabe duda de que Estados
Unidos tiene la capacidad militar para infligir un daño sin precedentes a Irán.
La cuestión es si dicho daño conducirá al logro estratégico deseado. Por el
momento, no hay una respuesta positiva a esta pregunta.
La principal lección de la campaña es que Irán no ofrece
soluciones sencillas. No es invulnerable y tiene debilidades significativas,
pero también ha demostrado un nivel de resiliencia mucho mayor del que muchos
han estimado. Mientras Estados Unidos, Israel y los estados del Golfo no estén
dispuestos a invertir los recursos, las fuerzas y los costos necesarios durante
años para desestabilizar el régimen, es difícil imaginar cómo otra ronda
militar, por muy severa que sea, podría conducir a la rendición de Irán o a un
cambio fundamental en su política.
Fuente: Diario Israel Hayom, 2-8-2026
Traducción: Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 2-8-2026
https://ojalameequivoque.blogspot.com/
kupervaser.daniel@gmail.com
@KupervaserD
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